María Rosa Lojo

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María Rosa Lojo, tiene una doble pertenencia: es escritora e investigadora de temas literarios. De esta manera, práctica y teoría se unen y logran miradas únicas sobre la realidad. María Rosa es doctora en Filosofía y Letras (UBA), investigadora principal del Conicet y profesora titular de posgrado en la Universidad del Salvador. Entre sus novelas más destacadas figuran “Finisterre” (que ha sido traducida al tailandés) y “Arbol de familia”. Pero en ésta oportunidad, la entrevistamos para hablar de “Todos éramos hijos”, en la cual, la autora vuelve a la novela histórica para revisar los convulsionados años ´70.
Lojo, retrata la adolescencia en los años ’70 a través de la mirada de Frik, una joven desajustada. Pero hay mucho del pasado de la propia autora entre esas esquirlas políticas, religiosas y familiares que aparecen en la narración.
Frik, estudiaba en un colegio de monjas de Castelar que vivió cambios enormes: había que salir al encuentro de los pobres. Muchos compañeros se asociaron con el peronismo de izquierda y entraron en organizaciones armadas. Ella podía simpatizar con su pasión pero desconfiaba de ese “estado de gracia” que se prometía y con prejuicios que estigmatizaban.
Algunos de sus amigos habían canalizado a través de la militancia su rebeldía generacional. Padres “gorilas” pequeños “burgueses”, comerciantes o profesionales, eran un blanco fácil, casi obvio. Pero el padre de ella venía de la tragedia. De la sanguinaria guerra civil española, que se llevó puesta a buena parte de su generación. Imposible, no prestarle oído, no sentir empatía, no creerle, también, en sus desconfianzas fundadas.
“El personaje que lleva la carga de la mirada narradora, que es Frik, tiene que ver con la adolescente que fui, con todas las reservas del caso. Es lo que uno interpreta desde hoy; no hay forma de resucitar el pasado. El pasado es lo que creemos que fue el pasado en el presente”.
¿Por qué algunos amigos de la secundaria, chicas de mi escuela y chicos del vecino colegio de curas con los que hicimos teatro y compartimos libros y discos, preferencias y sueños; tuvieron que dar o perder sus vidas?.
Sus intenciones eran las mejores: imposible no simpatizar con su pasión de hacer justicia para los desposeídos, con su sensibilidad solidaria. Pero “no siempre dar la vida basta o sirve, no siempre surte los efectos que deseamos”, dice Antonio, el padre de Frik en “Todos éramos hijos”.
“No haber podido ni querido militar, jamás equivalió para mí a una indiferencia cívica y política. Únicamente me apartó de las actitudes dogmáticas, de comprar ´paquetes cerrados´. Respeté y quise a las y los militantes en flor con los que compartí la secundaria. Los admiré por su entrega, por sus certezas inquebrantables (así como lloré sus prematuras, indebidas muertes). Pero lo que es bueno para otros, no es necesariamente bueno para uno. Aceptarlo sin culpas, considerarme igualmente digna de respeto, debería contarse entre las pocas ventajas de envejecer”.

Conducción: Milagros Aguirre Durá – Brenda Bocchigliere
Producción: Diego Tomasi
Operación: Carlos Santoro