26 mayo 2016

Territorios escritos – Tomasi

Los territorios escritos

Por Diego Tomasi
Una lectura de la existencia imposible de Macedonio Fernández

1.
El nombre.
Su nombre lo exime de apellido como algo indispensable.

2.
El 1 de junio de 2016, Macedonio Fernández cumple ciento cuarenta y dos años. Es abogado, Macedonio, desde los veintitrés. Y doctor en jurisprudencia. Se dedica a esos menesteres con poca regularidad. Hasta que abandona la profesión.
Entonces es escritor, Macedonio, desde que se acuerda. Un escritor que detesta la figura académica del escritor. No va a reuniones, no se junta con hombres de letras, no quiere publicar. No se esfuerza por ser comprendido, ni por ser aceptado, ni por pertenecer.

3.
Eran las malditas formalidades las que lo incomodaban. Las gentilezas, la ciencia, las rigideces. Sin toda esa artillería, podría haber sido un tipo feliz. Tal vez lo fue de todos modos. Quién sabe.
Macedonio desatendía su vida todo lo que podía. Sentía un rechazo crónico por los médicos, y de vez en cuando los trataba con sorna, burlándose, escondiendo una sonrisa diminuta en esa barba universal y pálida. Alguien dice por ahí que en verdad nunca fue a ver a ningún doctor.
Su desprecio por las formalidades se extendía a distintos ámbitos. Si no hubiera sido por algunos amigos, y por su familia, sus palabras nunca habrían sido leídas. La publicación de la obra no era un elemento constitutivo de su mirada del mundo. Más bien le parecía una solemnidad exagerada. Escribir y mostrar a otros lo que uno escribe. No estaba convencido de que la palabra escrita mereciera durar.
“En caso de dudas, al canasto”. Esa frase le gustaba.

4.
Macedonio decía (o dijo alguna vez) que nunca nadie había escrito una buena novela. Cuando escribió Adriana Buenos Aires, la denominó “la última novela mala”. Después, para completar la humorada, escribió Museo de la novela de la eterna, que llamó “la primera novela buena”.
Si su obra influyó de manera decisiva en Borges, Cortázar y toda la literatura argentina del siglo XX no es porque Macedonio se lo hubiera propuesto. Más bien se puede pensar que no había otra manera para que sucedieran las cosas. No había modo de evitar ese influjo, ese linaje, si uno quería escribir. No hay modo de evitarlo todavía hoy, que él ya pasó los ciento cuarenta años.

5.
Macedonio tal vez sea uno de los mejores escritores de autobiografías de la literatura universal. En Autobiografía. Pose Nº1 había escrito que el universo y él y todas las personas nacían al mismo tiempo: “Hay un mundo para todo nacer, y el no nacer no tiene nada de personal, es meramente no haber mundo (…) No se ha visto a ningún yo que naciendo se encontrara sin mundo, por lo que creo que la Realidad que hay la traemos nosotros”.
En Autobiografía de encargo. Pose Nº2, escribió que tener ojos azules era algo por completo inútil. Y explicó: “veo el mundo bajo los mismos colores que lo ven los de ojos negros y al agua es incolora para mí como para ellos, de modo que el que se tomó el trabajo de pintarme las pupilas –debe haber sido Dios– no previó, por esta vez, que yo sería torpe para utilizar adornos; o quizás estoy mirando por debajo de las pupilas como quien se levanta los anteojos a la frente”.
Un párrafo más adelante, Macedonio sentenciaba: “Soy un convencido de que jamás lograré escribir”.
Risas.

6.
Ahora que Macedonio está vivo, como lo estuvo siempre, porque él y el universo y la realidad son la misma cosa; ahora que está por festejar un nuevo aniversario de su nacimiento, pero sin festejar demasiado porque eso significaría juntarse con gente y hablar y ser elegante y educado; ahora que su obra vive y puede leerse y atesorarse en una biblioteca cualquiera, es él mismo, don Macedonio, el hombre que no necesita apellido, quien nos explica por qué la vida y la muerte y todo: “Si no hubiera la muerte, no habría batallas. Si un congreso científico o político enunciara haber encontrado el tratamiento y sistema de vida de la inmortalidad, se dispersarían ante esa noticia todos los ejércitos del mundo, pues el individuo acepta morir porque sabe que va a morir”.

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