08 Agosto 2016

Las voces colectivas – Tomasi

Las voces colectivas

Por Diego Tomasi
Una lectura del libro Pelota de papel

1.

El jugador está para pensar.

Jorge Valdano

2.

La primera sensación que deja Pelota de papel, cuando uno termina de leerlo, es de perplejidad. ¿Acaba uno de leer un libro de cuentos en los que el tema o el escenario es el fútbol? Sí. ¿Está ese libro escrito por futbolistas? También. ¿Es, entonces, un libro de fútbol? Difícil decirlo.

En Pelota de papel, veinticuatro jugadores de fútbol escriben un cuento. Escriben. Es decir, dedican tiempo y energía y el cuerpo a una actividad que no es la que habitualmente hacen o han hecho. No al menos la gran mayoría de ellos. Y el resultado es sorprendente. Porque, aún superando los prejuicios instalados y los que siempre pueden aparecer (un futbolista no lee, no escribe, no piensa), lo que queda de la lectura del libro no es la certeza de que todo prejuicio es injusto, sino una certeza más inquietante: esta gente, además de jugar muy bien al fútbol, escribe bien.

3.

Ahí están algunos ejemplos: Nicolás Burdisso parece estar acostumbrado a investigar el lenguaje. Mónica Santino narra con destreza y emoción. Agustín Lucas y Kurt Lutman dejan ver que son escritores todos los días. Sebastián Fernández escribe bien, muy bien. Pablo Aimar, que escribe un cuento por primera vez, sorprende. Sorprende mucho.

4.

Pelota de papel es un proyecto colectivo porque no podría haber sido de otra manera. Lo hicieron setenta y tres personas. Veinticuatro futbolistas que escriben, veinticuatro escritores o periodistas que los prologan, y la misma cantidad de dibujantes que ilustran cada cuento. El número impar es porque hay que sumar al periodista Juanky Jurado, productor y motor del proyecto. Y que tanta gente se proponga hacer un libro al mismo tiempo, en el mismo espacio, parece poder ocurrir solo en un territorio. Ese territorio es el de la pelota, claro. Ese espíritu está, de algún modo, definido en el párrafo medular del texto de Ariel Scher (crack en todas las canchas) que presenta el cuento de Aimar: “…el cuento avisa que el fútbol es lo que es porque nos permite ser con otros: con unos compañeros, con la gente de los pueblos que aún son pueblos, con los que nos regalan la memoria de lo que no vimos, con los que nos escuchan la memoria de lo que vivimos, con un amigo, con un hijo, con un papá”.

5.

Una curiosidad. Pelota de papel es, también, una marca de época. La palabra que más veces aparece en el libro, además de pelota, fútbol, y sus vocablos familiares, es Messi.

6.

En el prólogo a El juego, el cuento de Burdisso, Alejandro Dolina regala algunas de las palabras más bellas y lúcidas del libro. Son palabras, además, que dan de lleno en preguntas posibles acerca de para qué jugar, para qué escribir, para qué la vida: “Ahora, en este último instante, en esta última jugada, me asalta una inspiración banal: el buen jugador siempre es un poeta. Todo poema, todo pase entre líneas, es una conexión de conceptos y simetrías pero también un juicio acerca de la condición humana”.

Pelota de papel es un libro único en la historia del fútbol, y en la historia de la literatura. Lo es porque no existe ni ha existido otro proyecto igual. Pero también porque su singularidad es una huella contracultural: en tiempos de un egoísmo creciente, de esfuerzos individuales, en este bello objeto lo que abundan son los pases para hacer mejores a los otros, a los que juegan al lado.

 

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